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La "fraternidad del cosmos": La visión poética de Octavio Paz

Octavio Paz (1984)

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31 de mayo 2026

por Philip Gambone

"Desde mi adolescencia he escrito poemas, y nunca he dejado de escribirlos", escribió una vez Octavio Paz. "Mi ambición era ser poeta y nada más que poeta". Resulta que Paz (1914-1998) fue también un magnífico prosista que, muy al principio de su carrera, comenzó a publicar ensayos sobre el arte de la poesía. Con frecuencia, en estos ensayos, se propuso justificar el papel de la poesía en la sociedad. En efecto, para él, la defensa de la poesía era, según sus propias palabras, "inseparable de la defensa de la libertad".

En 1990, el año en que ganó el Premio Nobel de Literatura, Paz publicó una de sus últimas colecciones de ensayos sobre poesía, La otra voz: Poesía y fin de siglo. El libro—no siempre de lectura fácil—era erudito, contundente y con frecuencia brillante. Captaba a Paz en todo el esplendor de su extraordinario conocimiento de la poesía y la literatura universal.


La otra voz
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En la primera mitad, Paz abordó temas complejos y abstrusos. Contempló el estado espiritual de los poetas frente a los desastres de la Época Moderna—dictaduras, terrorismo, el "envilecimiento de las almas"—y se preguntó qué podía aportar la poesía en la construcción de una nueva teoría política más fraterna. En otro ensayo, observó con agudeza que el movimiento romántico era "una ética, un erotismo, una política, una manera de vestir, una manera de vivir y de morir". Sobre la poesía moderna dijo que era "simultáneamente una afirmación y una negación de la modernidad".

La segunda mitad del libro—de acceso más sencillo, a mi juicio—examinó el papel de la poesía en la sociedad contemporánea. En estos ensayos, Paz consideró el reducido número de lectores genuinos de buena poesía y lo que ello significaba para la salud de la sociedad. En contraste, las editoriales comerciales, decía, publican miles de libros, la mayoría de los cuales "desaparecen sin dejar huella". "La gente de hoy lee más que nunca, sí. Pero, ¿lee mejor?" Paz lo dudaba. En lugar de recogerse en la intimidad con un libro serio, encontraba que la mayoría de las personas se contentaba con dejarse distraer, "perdida en el trivial e insensato tumulto de la vida cotidiana".

Paz vio la literatura en los últimos años del siglo XX degradada por la publicidad, la comunicación instantánea, la inercia intelectual, la mediocridad generalizada, los éxitos de ventas ampliamente publicitados ("mercancía", los llamaba) y un "proceso económico sin rostro, sin alma y sin rumbo". Estos ensayos están llenos de fervor apasionado. "Ganar dinero es una actividad legítima, y también lo es producir libros para el 'gran público'; pero una literatura muere y una sociedad se vuelve decadente cuando el objetivo principal de los editores es fabricar éxitos de ventas y obras para el entretenimiento y el consumo popular…. La perdurabilidad, ese atributo de la perfección, cede su lugar al consumo rápido". Paz se animó con el surgimiento de pequeñas editoriales independientes que, escribió, podían compararse "a la creación de anticuerpos para defender un organismo".

Humanista comprometido, Paz fue portavoz del lugar esencial que ocupan las humanidades en la sociedad. Para él, la poesía—pensaba especialmente en el mundo clásico—solía ser "una iniciación en la vida adulta y sus dos grandes facetas: la acción y la contemplación". La poesía "nos ayudaba a conocer las pasiones y, por tanto, a conocernos a nosotros mismos… en suma, toda la complejidad del alma humana".

Se mofaba del nuevo tipo de crítica, a menudo llamada "deconstruccionismo", que sostiene que "el texto no dice realmente lo que dice" y que la tarea del crítico es revelar lo que el autor, ignorante incluso de sí mismo, estaba diciendo en realidad. Los lectores deben aprender de nuevo, escribió, "a leer un poema como texto poético y no como un documento social o psicoanalítico". Tampoco era muy partidario de los talleres de poesía, que, a su juicio, "han hecho más daño que bien".


Obreros de la deconstrucción
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En el ensayo final del libro, Paz criticó nuevamente al mercado capitalista por ser "ciego y sordo" ante la literatura. "Su censura no es ideológica: no tiene ideas. Sabe mucho de precios pero nada de valores…. La abundancia no ha hecho a los europeos ni a los norteamericanos más bondadosos, ni más sabios, ni más felices". Abogó por una reforma radical y más humana de la sociedad capitalista liberal, basada en las tres palabras cardinales de la democracia moderna: libertad, igualdad y fraternidad.

Paz estaba encendido en este ensayo final. (¿Acaso había alguna vez en que no lo estuviera?) "Entre la revolución y la religión, la poesía es la otra voz", proclamó. "Su voz es otra porque es la voz de las pasiones y de las visiones…. Todos los poetas, si son verdaderamente poetas, escuchan la otra voz. Es la suya propia, la de otro, la de nadie más, la de nadie y la de todos… conocimiento psíquico enterrado en los rincones más íntimos de su ser. Una manía, en otras palabras, una furia sagrada, un entusiasmo, un éxtasis".

Para algunos esto sonará a palabrería, pero si se lee a Paz despacio y con atención, tiene una hermosa lógica. Y plantea una pregunta crucial: frente a un sistema económico estúpido, derrochador y suicida, en el que el único objetivo parece ser convertir a los ciudadanos en consumidores, ¿cuál puede ser la función de la poesía? Su respuesta: recordarnos "ciertas realidades enterradas, devolviéndolas a la vida". Como "espejo de la fraternidad del cosmos, el poema es un modelo de lo que puede ser la sociedad humana. Frente a la destrucción de la naturaleza, ofrece prueba viva de la hermandad de las estrellas y las partículas elementales, de los productos químicos y la conciencia".

Los ensayos de La otra voz, habilmente traducidos por Helen Lane, fueron escritos entre 1976 y 1989. Son tan vitales hoy como lo eran entonces. Los lectores pueden consultar mis otros artículos en Lokkal sobre la obra de Paz:

La "décima musa" de México: Sor Juana Inés de la Cruz (7 de abril 2024)
La "belleza audaz" de la poesía de Sor Juana (14 de abril 2024)
Octavio Paz: Un sí rotundo a la vida (6 de abril 2025)

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Philip Gambone, profesor jubilado de inglés en preparatoria, también enseñó redacción creativa y expositiva en Harvard durante veintiocho años. Durante más de una década, sus reseñas de libros aparecieron regularmente en The New York Times. Phil es autor de siete libros. Su memoria, As Far As I Can Tell: Finding My Father in World War II, fue nombrada uno de los Mejores Libros de 2020 por el Boston Globe. Su nueva colección de cuentos, Zigzag, fue publicada el año pasado por Rattling Good Yarns Press. Sus libros están disponibles en Amazon, Aurora Bookstore, y en la librería de la Biblioteca.

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