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Un río y una ciudad que cantan

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17 de mayo 2026

por Philip Gambone

En una visita reciente a Uruapan, en el estado de Michoacán, pasé una deliciosa mañana deambulando por el justamente celebrado parque nacional de la ciudad. Con poco más de cuatrocientas hectáreas, el parque ocupa terrenos que la nobleza del pueblo purépecha utilizaba originalmente como lugar de recreo. Se comprende por qué este pueblo indígena se sentía atraído por el lugar. Es un refugio fresco, exuberante y bien regado, cubierto de vegetación tropical de hoja ancha. El río Cupatitzio lo atraviesa, abriendo una cañada rocosa a su paso.

Tras la Conquista, la zona pasó a manos de encomenderos, terratenientes coloniales españoles, y con el tiempo se convirtió en propiedad de diversas familias de la élite mexicana. En 1938, el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas adquirió los terrenos y los transformó en parque nacional. La zona, que en aquel momento era una finca de campo, fue rediseñada con senderos, fuentes y quioscos, todo ello encaminado a preservar la vegetación y convertir el espacio en un parque nacional, uno de los más pequeños e íntimos de México. Su nombre oficial es Parque Nacional Eduardo Ruiz, en honor a un escritor e historiador local.

Tras pagar los cincuenta pesos, entré al parque caminando por el Circuito de los Poetas, un sendero de piedra bordeado de elegantes carteles, cada uno dedicado a un poeta local. "Este es un espacio que busca preservar y enaltecer el excelso valor de la cultura en un entorno natural lleno de vida, belleza y esplendor", leí. "Su ambiente refleja la grandeza de las palabras, rendiendo homenaje y reconocimiento al ilustre legado que poetas y escritores uruapenses han forjado a lo largo del tiempo y trayectoria de vida".

Pensé que "ilustre legado" era quizás algo exagerado, pero, como supe más tarde, Uruapan gozaba de reputación como comunidad de artistas, escritores, poetas, periodistas e intelectuales. Seis poetas que tuvieron a Uruapan por hogar figuran a lo largo del Circuito de los Poetas. Cada cartel ofrece una breve reseña biográfica de uno de los poetas y una muestra de sus poemas.

El primer poeta, Raúl Ríos Romero (1927-2004), fue ingeniero mecánico y profesor de inglés. Ríos fundó dos revistas y publicó varias colecciones de poesía. Su poema de 2001, "Árbol hermano", capta hermosamente el sosiego y la inspiración que los magníficos y altivos árboles del Parque Nacional proporcionan:

 
HERMANO ÁRBOL

Dame tu sombra que vengo muy cansado,
de seguir mi sombra con el sol a cuestas,
de seguir mi sombra con la luna llena...

Déjame descansar aquí contigo
e impregnarme del verde de tus hojas,
y dime de caminantes que llegaron
a buscar un nuevo impulso en sus jornadas,
que supieron andar siempre adelante
con la mirada al sol
y sin temer a nada...

Hazme vibrar de nuevo en mi camino...
Para poder seguir en mi destino...
¡Gracias, hermano árbol por tu sombra!
 

La única poeta representada es Teresa Magaña Silva (1920-2007). Aunque nació en Tingambato, Michoacán, "dedicó su vida y su corazón a Uruapan". Magaña fue directora y docente en escuelas secundarias y preparatorias. Humanista, altruista y promotora de la cultura y el arte, sentía pasión por la poesía, especialmente la del Siglo de Oro español. Al igual que Ríos, está representada por un bello poema de naturaleza, incluido en una antología de poemas de poetas uruapenses publicada en 1983 con motivo del 450 aniversario de la fundación de la ciudad:

 
VESPERTINA

Las tardes con caricias de celajes
le brindan a mi sueño ternura;
y el numen de tu célica dulzura
entrega inspiración a mis paisajes.

La nostalgia de ayer se vuelve gozo
y vuélcanse en suspiros mis tristezas;
oasis y espejismos se confunden
con la tibia caricia de su aliento.

Nada hay en ti que no se vuelva santo
tú truecas el invierno en primavera,
tú conviertes lo estéril en fecundo,
tú eres nido de amor, cielo y quimera.

Por eso soy de ti, porque es divino
entregarte este amor que embriaga mi alma;
y si muero al mirarte que te alejas,
muero, para vivir con tu recuerdo.
 

Luis Ortiz Arias (1960-2003) fue uno de esos poetas uruapenses "no muy recordados o muy vigentes en el universo de lo que hoy se publica", según los editores de Tres Poetas Uruapenses, antología en la que aparece. Ortiz fue biólogo, investigador, conferenciante y escritor. Además de su poesía, publicó dos novelas: El secreto del caracol y A causa de la noche. Su poema "Herrumbre - Nostalgia" es un lírico oscuro y erizante:

 
HERRUMBRE – NOSTALGIA

Herrumbre - Nostalgia
angustia que todo lo invade
jardín solitario lleno de hierba.
Jardín cerrado
suspendido sobre el cataclismo.
Lobos en la noche
no me consuelan.
Palabras sueltas flotan
a mi alrededor.
Ojos que me miran
obligándome a mirarlos.
Remolinos que me atraen
y me llevan más allá del vacío.
Herrumbre - Nostalgia
suspendido sobre cataclismo
de cara al viento
camino
corro
huyo de mí mismo.
 

Francisco Hurtado Mendoza (1937- ) está considerado uno de los poetas más prolíficos de Michoacán. Profesor en el Bachillerato Eduardo Ruiz, ha aportado crítica literaria a publicaciones periódicas y ha impartido numerosas conferencias sobre literatura y psicología. Los poemas de Hurtado celebran Uruapan y las leyendas de Michoacán, como el siguiente soneto, una tierna carta de amor a su amada ciudad.

 
URUAPAN

En tu cuerpo hay sonrisa de cristales,
que al divino conjuro de tus ojos,
se convierten en luz, en manantiales,
en caricias y en frescos labios rojos.

Tú no tienes incógnitas de historia
porque la has modulado en tus mujeres;
porque la has adornado con tu gloria,
y en un beso has unido atardeceres...

Uruapan que derramas todo un cielo
en un ánfora indígena de estrellas,
quisiera, con las ansias de algún vuelo,

para viajar contigo ser más joven,
para cuidar de ti ser un arcángel
y para eternizarte ser Beethoven.
 

Según el cartel dedicado a él, Ramón Ortiz de Montellano Álvarez (1934-1964) "se labró un lugar propio gracias a su escritura elegante y pulida, que revela una gran erudición y un profundo conocimiento enciclopédico". La breve vida de este poeta hipersensible fue trágica, una historia que el Circuito apenas insinúa vagamente. Según su amigo José Luis Ríos Romero, Ortiz de Montellano escribía en un "lugar tan suyo de la casa familiar que él lo llamaba su "buhardilla", donde se pasaba horas del día y de la noche leyendo y escribiendo en un orden y desorden que sólo él conocía". Gran parte de su obra se publicó únicamente en periódicos y revistas literarias de escasa tirada, y fue rápidamente olvidada.

"Pobre amigo mío", escribió Ríos Romero, "lo dejamos morir en la soledad y el abandono. Pobre amigo mío, no supimos darle amor y comprensión; lo que todo ser humano necesita para no sucumbir en el camino de la vida".

"Los poetas son artistas infortunados, nadie lee poseía, nadie se interesa por conocer y valorar lo que escriben, ni sus familiares más cercanos. Pobre amigo mío, le tocó vivir en una sociedad donde triunfa la materia sobre el espíritu, y la literatura y el arte en general salen sobrando. Poco a poco fueron naufragando todas las naves de sus sueños en los escollos de la realidad. Poco a poco se fue convenciendo de que ni la sociedad uruapense ni a ninguna de las protagonistas en turno de sus atormentados enamoramientos les interesaban sus producciones literarias, y sin encontrar apoyo ni reconocimiento de nadie, con el alma rota y sus sueños hechos pedazos, prefiere dejar de vivir antes que claudicar como escritor".

La obra de Ortiz de Montellano está representada por dos breves poemas en su cartel. He aquí uno de ellos, una despedida triste y estremecedora:

 
A LA TIERRA

¡Odorífera tierra, Madre mía!:
Antes de separarme de tu lado
y salir al encuentro del destino,
déjame aquí en tu seno recostado
contemplar lo infinito del camino.

Pronto voy a partir... A mi regreso,
si no sucumbo en el combate rudo,
vendré, madre, a traerte mi saludo,
una flor, una lágrima y un beso.
 

Juventino Herrera Prado (1892-1980), el último poeta del Circuito, creció en la Comunidad Indígena de Chilchota. Está representado por un fragmento de su poema que celebra el río que atraviesa el parque:

 
SINFONÍA DEL CUPATITZIO

Manzo, terso, purísimo, adorable,
gime al quieto vaivén de la arboleda,
luciendo la belleza incomparable
de su irisada ondulación de seda.

De este río que en medio a sus descansos
refleja en el zafir de sus remansos
los oros vespertinos en fusión,
para que el alma enferma y abatida,
vuelva a tener encantos de vida
y una azul estrellita de ilusión.
 

El nombre del río, Cupatitzio, significa "río que canta". Y vaya que canta, al precipitarse en cascadas por el Parque Nacional. Al salir de regreso a la ciudad, a veinte minutos a pie, me dio la impresión de que Uruapan también canta: en la festiva música callejera que se escucha por todas partes y en los apasionados, dolientes y jubilosos poetas que hicieron de este lugar su hogar.

Philip Gambone, profesor de inglés de secundaria jubilado, también impartió escritura creativa y expositiva en Harvard durante veintiocho años. Durante más de una década, sus reseñas de libros aparecieron regularmente en The New York Times. Phil es autor de siete libros. Sus memorias, As Far As I Can Tell: Finding My Father in World War II, fueron elegidas entre los mejores libros de 2020 por el Boston Globe. Su nueva colección de cuentos, Zigzag, fue publicada el año pasado por Rattling Good Yarns Press. Sus libros están disponibles en Amazon, Aurora Bookstore y en "Tesoros", la librería de la Biblioteca.

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Philip Gambone, profesor jubilado de inglés en preparatoria, también enseñó redacción creativa y expositiva en Harvard durante veintiocho años. Durante más de una década, sus reseñas de libros aparecieron regularmente en The New York Times. Phil es autor de siete libros. Su memoria, As Far As I Can Tell: Finding My Father in World War II, fue nombrada uno de los Mejores Libros de 2020 por el Boston Globe. Su nueva colección de cuentos, Zigzag, fue publicada el año pasado por Rattling Good Yarns Press. Sus libros están disponibles en Amazon, Aurora Bookstore, y en la librería de la Biblioteca.

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