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El diario del Aikido

"El verdadero Budo está aceptando el espíritu del universo, manteniendo la paz del mundo, produciendo correctamente, protegiendo y cultivando a todos los seres en la naturaleza." - Morihei Ueshiba

por Colette Morya

Conocí a Carlos Chancellor en una cena hace unas semanas. Una persona muy impresionante, en su tarjeta de presentación dice que es un Terapeuta Arquetípico Jungiano y un Educador del movimiento Somático. Al hablar con él esa noche, supe que también es cinta negra de segundo grado en Aikido, e instructor principal del Tamashī para Kokoro Dojo aquí en Colonia San Antonio.

Al día siguiente investigué un poco sobre el Aikido e inmediatamente me atrajo su filosofía de evitar conflictos. Leí acerca de los aspectos morales y espirituales y la gran importancia que se les da al desarrollo de la armonía y la paz interior. En un video, vi a los aikidoístas volando por los aires...Me pareció un baile bellamente equilibrado. Sorprendida con este arte, contacté al Sensei Carlos y le pedí si podía ser su alumna. Para mi deleite, estuvo de acuerdo.

No soy una persona con gran fuerza física; soy una mujer. En el primer día de entrenamiento, tuve mis dudas, me sentía muy torpe. Estaba muy nerviosa al verme rodeada de hombres. El Sensei Carlos con absoluta seriedad me imponía con su energía y sabiduría. Me explicó que en el Aikido, la pelea se basa en el uso de la fuerza del oponente para volverla contra él. Pensé que necesitaba mucha fuerza para poder defenderme de un ataque; pero descubrí que aquí aprendería a usar la agresión del otro contra él. Entendí la idea de transmutar la energía negativa a través del autocontrol. Esto me convenció de que estaba en el lugar correcto.

El primer ejercicio parecía bastante simple a simple vista, pero, al menos para alguien con problemas de coordinación, como yo, me resultó difícil. Me sentí desanimada. Después al observar al Sensei Carlos lanzar a mis compañeros Francisco y Rowan tan fácilmente por el aire, vislumbré el largo camino que tenia por delante para poder adquirir esa capacidad. Al final del entrenamiento, el Sensei Carlos me dio un consejo que modificó mi pensamiento derrotado: "Entrenando Aikido, día a día, todos estamos en el camino a la perfección. Aquí venimos a aprender de nuestros errores. Fracasar es la mejor manera de aprender."

El siguiente día de entrenamiento tuve que practicar la caída de 'Mae Ukemi'. Sentía un vértigo que desconocía en cada uno de mis intentos. Esto ocasionaba que cayera de manera muy tensa y errada. Retrocedí a mi infancia, recordando que nunca había sido capaz de dar una maroma o 'vuelta de carro'. (Al escribir esto ahora me doy cuenta de que nadie me enseñó cómo hacerlo). El Sensei volvió a rescatarme de mis pensamientos. Me recomendó que no me concentrara en el punto de contacto con el suelo; que simplemente me dejara fluir a través del movimiento. Al mismo tiempo Francisco me apoyó con su paciencia y valiosos consejos. Después de este caótico momento de tensión, me pasó algo. Por un momento logré desconectarme de mi mente, me dejé llevar sin pensar y logré una caída más armoniosa. Estaba contenta conmigo misma. Después de 20 intentos, obtuve uno casi correcto. Un gran avance, ¿no?

El lunes es día de entrenar con armas, en esta ocasión con el Bokken, una espada de madera. Después del ritual mostrando respeto por el arma; aprendí a desenvainarla y sostenerla correctamente. Para mí esto fue algo fabuloso, una fusión y una concentración absoluta que no puedo explicar. Practicamos un movimiento de corte básico y realmente disfruté de esto, es muy elegante. Al final de este entrenamiento, el Sensei me comento que notó cierta facilidad en mí en el manejo de la espada. Me dijo que podía llevarla a casa para poder practicar durante la semana. Estaba más emocionada de lo que me permitía mostrar. Me sentí como una niña.

Fui asaltada en un par de ocasiones en el pasado e incluso una vez logré escapar de un intento de secuestro. Debido a estas experiencias, ahora tengo la costumbre de estar muy atenta cuando camino por una calle solitaria o algún lugar desconocido que podría ser peligroso. Es un poco paranoico de mi parte, pero es una consecuencia a raíz de estos sucesos.

Esa noche, de camino a casa por una calle vacía, pasé a lado de un hombre con aspecto poco confiable. La respuesta condicionada por mi instinto, siempre era de reacción defensiva y de preparación para la lucha, incluyendo un poco de adrenalina. En esta ocasión, con la espada debajo del brazo, por primera vez en mucho tiempo, no sentí miedo, por el contrario, me sentí poderosa. Realmente me gustó este nuevo sentimiento de confianza. Esto fue una señal para mi, para continuar con mi entrenamiento. Aprender un arte marcial para mí, es necesario por protección, ya que siempre viajo sola y no quiero ser atacada de nuevo. Ahora estoy aprendiendo a defenderme.

Escribiré más pronto, sobre el Aikido mismo y sobre mi viaje en curso.

Onegaeshi masu, Sensei Carlos. (Gracias por lo que sucederá.)

Tamashī to Kokoro Dojo
415-109-9115
cfchancellor@gmail.com
Ave. Rosales 11, col. San Antonio

www.aikidosm.com

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Colette Morya, escritora y nómada, es editora de la nueva sección Comunidad Lokkal de San Miguel Sunday.

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