Bellydance Graduation Show

Español abajo

Saturday, July 24, 7-8:30pm
Teatro Santa Ana, Biblioteca, Reloj 50a
$200, tickets

Dance of the Goddess

by Jenny Purdue

Women begin belly dancing for many reasons, but seldom because they are pregnant. Yet that’s the case with Elsanne Barrows, who primarily danced tango, but needed a dance form she could participate in until her baby was born. Now, nearly ten years later, Barrows has become the recognized expert in teaching “tribal style belly dance” in Mexico.

Barrows teaches a recognized teacher training for this style of dance called “Maestras del Tribal”. This year, graduates of the program hail from Mexico City, Morelia, Toluca, Tijuana, Ensenada, Ciudad Obregon, Durango, and San Miguel de Allende. The Graduation Gala, crowning the course and celebrating the achievement, will present an intricate performance of color, fabrics, intricate and gorgeous arm and body movements at the Santa Ana Theater on July 24th.

Belly dance is more than colorful costumes and sinuous moves, although Barrows says some students buy an entire outfit of harem pants, skirts, heavily decorated belts, and headdresses before their first class.

The intricacy of the moves, however, can be intimidating. Barrows tells how Sandra Cisneros, author of The House on Mango Street, bought an entire month of classes, attended one class, said “Now I know how my students feel,” and never came again.

One of the features of tribal belly dance is interaction and friendship among women who dance together. The group dynamic is an attempt to communicate to each other through the dancers’ bodies, creating a sense of community. Although much of the dance is choreographed, a special form is improvisational, in which the group leader communicates through subtle hand signals and soft sounds which moves and steps will be executed next. Thus, says Barrows, women practicing this style of dance can go almost anywhere in the world and dance with their sister belly dancers.

Little known in Mexico until the last 20 years, belly dance has become extremely popular throughout the country. Originally misunderstood, both in the United States and other Western countries, as a seductive dance women did for men, women now realize that it is a dance of women’s power and unity, danced by women for women.

The costumes are cool, though. Reminiscent of colorful outfits worn by women during the mid-1960s counterculture, Barrows says the present form originates from that time. Tribal belly dancing, as Barrows teaches it, was first seen at early San Francisco Renaissance Faires, and its simplest explanation is women dancing together in groups, rather than singularly, to a more open, improvisational form than it had evolved to. “The women who danced at the Renaissance Faire are the grandmothers of our dance form. The group was called Bal Anat, which means “the dance of the goddess.”

The “counterculture” often seen to have originated in 1965 to early 1967 in San Francisco’s Haight-Ashbury, was an attempt to return to authenticity. Young people, and some older ones, too—alienated by what they called the “plastic” society perhaps best exemplified by Frank Sinatra and the Las Vegas “Rat Pack”; as well as the Vietnam War; and what they considered the artificial values of their parents; sought authenticity in older, traditional forms of dress, values, religion, and natural food.

Tribal belly dance, as Barrows practices it, is also a search for authenticity—not only in teaching the form to beginners as well as other belly dance instructors, but also in her personal values.

“When I am dancing, I am a goddess in training,” she says. The twirling, hip undulating, sweetly seductive arm movement s alone would attest to this. But Barrows means “goddess” in another way, also. “I try to live every part of my life with authenticity,” she says, and rhetorically asks the question, “How do you study to be a goddess?” Her answer is that she experiences a certain spiritual transcendence during the dance, and a spirituality she attempts to carry into every part of her life: that same authenticity she believes people began searching for in the late ‘60s.

Belly dancing, like Flamenco, has obscure and ancient roots. Both originated on the “Gypsy Trail” near India—one part moving toward the Balkans, and the other traveling to Morocco. This explains the frequently Spanish-Moorish look to some of the dancer’s costumes.

Although Barrows says she has always loved dance, she had not visualized herself becoming an expert in belly dance, nor had she imagined it would become the main focus of her life. She was a member of the Peace Corps in her early ‘20s, and her formal background is education. But dance brought a sense of ecstasy: a transcendent energy, she says, that connects her with the Earth, her dance sisters, and the audience.

“This complete connected feeling is about as close to Nirvana as I can get,” she explains.

Produced by Elsanne Barrows and Libélula dance studio.

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www.elsannebarrows.com

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Sabado, 24 de Julio, 7-8:30pm
Teatro Santa Ana, Biblioteca, Reloj 50a
$200, comprar

“La Danza de la Diosa” Gala de Graduación en el Teatro Santa Ana

por Jenny Purdue

Las mujeres comienzan a bailar la danza del vientre por muchas razones, pero rara vez porque están embarazadas. Sin embargo, ese es el caso de Elsanne Barrows, quien bailaba principalmente tango, pero necesitaba una forma de baile en la que pudiera participar hasta que naciera su bebé. Ahora, casi diecisiete años después, Barrows se ha convertido en el experto reconocido en la enseñanza de la “danza del vientre al estilo tribal” en México.

Barrows imparte una reconocida formación docente para este estilo de danza denominado “Maestras del Tribal”. Este año, los graduados del programa provienen de la Ciudad de México, Morelia, Toluca, Tijuana, Ensenada, Ciudad Obregón, Durango y San Miguel de Allende. La Gala de Graduación, que corona el curso y celebra el logro, presentará una intrincada actuación de colores, telas, movimientos sinuosos y hermosos de brazos y cuerpo en el Teatro Santa Ana el 24 de julio.

La danza del vientre es más que trajes coloridos y movimientos sinuosos, aunque Barrows dice que algunos estudiantes compran un conjunto completo de pantalones harén, faldas, cinturones muy decorados y tocados antes de su primera clase.

Sin embargo, la complejidad de los movimientos puede resultar intimidante. Barrows cuenta cómo Sandra Cisneros, autora de The House on Mango Street, compró un mes entero de clases, asistió a una clase, dijo “Ahora sé cómo se sienten mis estudiantes” y nunca volvió.

Una de las características de la danza del vientre tribal es la interacción y la amistad entre las mujeres que bailan juntas. La dinámica del grupo es un intento de comunicarse entre sí a través de los cuerpos de los bailarines, creando un sentido de comunidad. Aunque gran parte del baile está coreografiado, una forma especial es la improvisación, en la que el líder del grupo se comunica a través de señales sutiles con las manos y sonidos suaves, qué movimientos y pasos se ejecutarán a continuación. Por lo tanto, dice Barrows, las mujeres que practican este estilo de danza pueden ir a casi cualquier parte del mundo y bailar con sus hermanas bailarinas del vientre.

Poco conocida en México hasta los últimos 20 años, la danza del vientre se ha vuelto extremadamente popular en todo el país. Originalmente incomprendido, tanto en los Estados Unidos como en otros países occidentales, como un baile seductor que las mujeres hacían para los hombres, las mujeres ahora se dan cuenta de que es un baile del poder y la unidad de las mujeres, bailado por mujeres para las mujeres.

Sin embargo, los vestuarios son geniales. Con reminiscencias de los trajes coloridos usados por las mujeres durante la contracultura de mediados de la década de 1960, Barrows dice que la forma actual se origina en esa época. La danza del vientre tribal, como la enseña Barrows, se vio por primera vez en las primeras ferias del Renacimiento de San Francisco, y su explicación más simple es que las mujeres bailan juntas en grupos, en lugar de individualmente, a una forma de improvisación más abierta de lo que había evolucionado. “Las mujeres que bailaron en la Feria del Renacimiento son las abuelas de nuestra forma de baile. El grupo se llamaba Bal Anat, que significa “la danza de la diosa”.

La “contracultura” que a menudo se ve que se originó entre 1965 y principios de 1967 en Haight-Ashbury de San Francisco, fue un intento de volver a la autenticidad. Los jóvenes, y también algunos mayores, alienados por lo que llamaron la sociedad “plástica”, quizás mejor ejemplificada por Frank Sinatra y el “Rat Pack” de Las Vegas; así como la Guerra de Vietnam; y lo que consideraban los valores artificiales de sus padres; buscaron la autenticidad en las formas tradicionales de vestimenta, valores, religión y comida natural.

La danza del vientre tribal, tal como la practica Barrows, es también una búsqueda de autenticidad, no solo en la enseñanza de la forma a los principiantes, así como a otros instructores de danza del vientre, sino también en sus valores personales.

“Cuando estoy bailando, soy una diosa en capacitación”, dice. El movimiento del brazo, los giros, las ondulaciones y golpes de cadera que es dulcemente seductor, lo atestigua por sí solo. Pero Barrows también significa “diosa” de otra manera. “Intento vivir cada parte de mi vida con autenticidad”, dice, y retóricamente hace la pregunta: “¿Cómo estudias para ser una diosa?” Su respuesta es que experimenta una cierta trascendencia espiritual durante el baile, y una espiritualidad que intenta llevar a cada parte de su vida: esa misma autenticidad que cree que la gente comenzó a buscar a finales de los sesenta.

La danza del vientre, como el flamenco, tiene raíces antiguas y oscuras. Ambos se originaron en el “Gypsy Trail” cerca de la India: una parte se dirige hacia los Balcanes y la otra viaja a Marruecos. Esto explica el aspecto frecuentemente hispano-morisco de algunos de los vestuarios de las bailarinas.

Aunque Barrows dice que siempre le ha gustado la danza, no se había imaginado a sí misma convirtiéndose en una experta en danza del vientre, ni había imaginado que se convertiría en el foco principal de su vida. Fue miembro del Cuerpo de Paz cuando tenía poco más de 20 años y su formación formal es la pedagogía. Pero la danza trajo una sensación de éxtasis: una energía trascendente, dice, que la conecta con la Tierra, sus hermanas de danza y el público.

“Este sentimiento de conexión total es lo más cercano a Nirvana que puedo estar”, explica.

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